EL REZO DE LOS ANCESTROS Nº 25. EL ARTE DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA DESDE NUESTROS ANCESTROS.

2 Ago, 2026

EL REZO DE LOS ANCESTROS Nº 25. EL ARTE DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA DESDE NUESTROS ANCESTROS.

EL ARTE DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA DESDE NUESTROS ANCESTROS.

​La comunicación es el hilo con el que tejemos nuestras relaciones. Pero, para que el tejido sea firme, la comunicación debe ser asertiva.

Antiguamente, nuestros ancestros decían que la palabra era un contrato sagrado, un hilo de seda que une un corazón con otro.  Practicaban una forma de comunicación orgánica y ritualizada que hoy llamaríamos "asertividad profunda".

​Para ellos, la comunicación no era solo intercambiar información, sino un acto de supervivencia y cohesión comunitaria, era casi un ritual sagrado de honestidad.

En muchas culturas antiguas (desde los pueblos originarios de América hasta las tribus celtas o africanas), las decisiones se tomaban en círculo, lo cual era asertivo, pues en un círculo, todos se miran a los ojos. No hay una jerarquía que opaque la voz del otro. En esos círculos, se solía usar una "vara de hablar" o una pluma. Solo quien la tenía podía hablar, y los demás tenían la obligación sagrada de escuchar, entrenando así la paciencia y el respeto, evitando que la comunicación fuera reactiva o impulsiva.

Para nuestros abuelos la Palabra era un documento, algo así como un  "Contrato de Sangre", en dónde  "tu palabra eres tú". Si alguien decía algo que no podía cumplir o que no sentía, fracturaba su identidad ante la tribu.

​ No había espacio para las ambigüedades que usamos hoy (como el "tal vez" o el "veremos"). La comunicación debía ser exacta porque de ella dependía la caza, la siembra y la defensa del territorio.

Los Ancestros valoraban el lenguaje del Silencio y la Observación, antes de emitir un juicio.

La asertividad no solo era con otros humanos, sino con la naturaleza. Sabían leer las señales del clima o los animales.

Creían en el poder creativo de las palabras, es decir, la fuerza de rezo que las embisten. Por eso, antes de expresar un deseo o una queja, pasaban por un filtro interno: ¿Es verdad? ¿Es necesario? ¿Es amable?

Así también, ​nuestros ancestros entendían que el cuerpo comunica más que la voz y cuando las palabras no alcanzaban para resolver un conflicto o expresar una alegría, recurrían al rito. El cuerpo asertivo era aquel que se movía en sintonía con el grupo.

También, para ellos, un regalo, una pintura rupestre o un tejido comunicaban intenciones claras sin necesidad de discusiones agotadoras.

Hoy en día, la comunicación sigue siendo ese delicado hilo de seda que une nuestros corazones. Pero, este hilo puede enredarse cuando lo que expresamos no es lo que habita en nuestra alma, bien sea por miedo, por prisa o por falta de herramientas. Este hilo puede romperse cuando terminamos diciendo lo que no sentimos, o callando lo que necesitamos expresar.

La capacidad de ser claros, de ser firmes pero amorosos, y de asegurarnos de que el mensaje que entregamos es exactamente el que deseamos transmitir, nos permiten alcanzar la Asertividad en nuestra comunicación, haciendo que nuestra verdad sea escuchada sin ruidos ni máscaras, entregándonos casi un Poder Mágico: la Asertividad en nuestra comunicación; expresar lo que realmente está en nuestra alma y de esa misma manera sea entendido por los que nos rodean.

Ahora bien, la asertividad para comunicarnos, empieza por uno mismo, pues para comunicar lo que deseo, tengo que tener claro qué es eso que deseo exactamente.

​Así mismo, este Poder Mágico se ejerce cuando decimos nuestra verdad sin atacar al otro, porque nuestra verdad, no tiene por qué ser un arma que hiera o aniquile a quien la recibe.

​Y es que la comunicación asertiva es una danza, que se gesta al escuchar el ritmo del otro, permitiendo responder con precisión.

Para lograr asertividad en nuestra comunicacion, es importante tomar en cuenta tres aspectos:

  • ​La Flecha: La comunicación asertiva es como una flecha; necesita dirección (hacia dónde voy) y la fuerza justa (ni agresiva ni pasiva).

  • ​El Silencio Previo: Para comunicar lo que deseamos, primero debemos escucharnos a nosotros mismos.

  • ​El Respeto: Comunicar no es solo hablar, es hacerse responsable del impacto que nuestras palabras tienen en el tejido de la comunidad.

Podemos abordar la comunicación no solo como técnica moderna, sino como un acto sagrado de honestidad, siendo importante entender cómo transmitir lo que realmente habita en nuestro corazón, con claridad, respeto y firmeza, y así limpiar el canal de la comunicación. Para ello es muy importante aprender a poner límites con amor; alinear la intención interna con la expresión externa; y honrar nuestra verdad sin herir al otro.

Expresar nuestros deseos y necesidades de forma clara y directa, sin rodeos, sin miedos, con afectividad y amor, rescatando el valor de la comunicación auténtica que nos heredaron los abuelos: la palabra que construye realidad, nos permite expresar nuestra esencia originaria, nos permite expresar nuestra Magia Ancestral.

Ylse Lemus

Jueves 05 de marzo de 2026.